EL PODER DEL CULTO A LA GRAN MADRE
Hay diversas investigaciones que demuestran que desde tiempos ancestrales existía en las sociedades prehistóricas el culto a la Gran Madre, que ha ido variando de forma con diversos arquetipos y atributos a lo largo de los años, pero en su esencia era siempre la misma. Una cultura matrifocal y matrilineal que perduró durante miles de años.
Ponían de manifiesto el poder de la fertilidad y de generar vida de la Gran Madre, conectada de manera directa a los ciclos de la naturaleza. Una conexión que la mujer ha ido perdiendo en la actualidad progresivamente debido a los contextos sociales en los que vivimos. Además se han descubierto más de 130 de estas esculturas de diosas, apoyadas sobre rocas y sobre la tierra, entre los huesos y las herramientas de los pueblos del Paleolítico, halladas en las cuevas (trasunto del útero materno). Muchas de estas estatuillas fueron salpicadas de ocre rojo (el color de la sangre que proporciona la vida). Una vez más, se vuelve a poner de manifiesto la importancia de la conexión de la mujer con su ciclo menstrual desde tiempos ancestrales.
Estos arquetipos no sólo ayudaban a la mujer a recordar su diosa interna y a conectar con su poder interior sino que la anclaban constantemente con sus ciclos internos que van variando así como lo hacen los ciclos de la luna y la rueda del año.
Con amor, Aura.


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